Como en otras muchas cuevas, en ésta también se han encontrado restos arqueológicos que confirman su ocupación en diferentes épocas. Las primeras investigaciones arqueológicas que se realizaron en la cueva fueron llevadas a cabo por José Aparicio Pérez, del Servicio de Investigación Prehistórica a finales de 1978. El objeto de este trabajo era la prospección de la cueva en busca de restos arqueológicos para permitir la construcción de un acceso hasta ella y evitar el daño a los posibles restos. Los resultados fueron satisfactorios, con la aparición de varios fragmentos cerámicos del Bronce Valenciano y algunas piezas de sílex no adscritas cronológicamente en un primer momento.

Los restos encontrados en esa primera prospección, más la aparición casual de otros recientemente junto a la entrada de la cueva, eran las únicas evidencias arqueológicas hasta la fecha. La existencia de otros abrigos con arte rupestre (abrigo de las Monteses y abrigo de Poveda) en el término, los restos líticos que esporádicamente son encontrados por la zona y la falta de estudios en materia de prehistoria, son motivos más que suficientes para abordar nuevos trabajos arqueológicos para profundizar en esta materia. Por este motivo, el Ayuntamiento de Jalance y el Instituto Valenciano de Conservación y Restauración de Bienes Culturales (IVC+R) firmaron, a principios de 2012, un convenio marco para llevar a cabo la investigación arqueológica de la cueva con el objetivo de encontrar restos de arte rupestre o restos arqueológicos.

Fruto de ese convenio se realizó una prospección arqueológica minuciosa con resultados muy satisfactorios, todavía en fase de análisis y estudio, con la aparición de unos grabados y material de diversas épocas. Al Neolítico final (5.000 B.P.) se atribuyen los niveles sedimentarios cenicientos en los que ha aparecido también material cerámico y sílex en el vestíbulo, y algunos fragmentos óseos humanos correspondientes a enterramientos realizados en salas interiores y en una covacha situada en la margen izquierda del barranco de los Capellanes a escasos metros de la entrada de la cueva de Don Juan.

Posterior es el conjunto de más de una veintena de cazoletas y canalillos encontrados en la parte más honda de la cueva, picados en la roca. Se considera que fueron realizados en la Edad del Bronce o Hierro inicial aunque su uso no está del todo claro. Son de diferentes tamaños y morfologías, y algunos de ellos están conectados mediante canalillos. Además, también se ha constatado restos de combustión en algunas de estas cazoletas, por lo que se piensa que pudieron cumplir la función de iluminar la cavidad, y/o la de almacenamiento de agua. De época ibérica han aparecido pocos restos. Se trata de escasos fragmentos cerámicos a torno, algunos de ellos decorados. Sin embargo, más numerosos son los restos de época medieval, en concreto una gran cantidad de cerámicas islámicas.

Tal y como nos muestra José Vicente Poveda en la Ruta de los Moriscos, en la Cueva de Don Juan, a principios del siglo XVII, se refugiaron muchos de los seises del castillo de Jalance, unidos a los moriscos que huían de la Muela de Cortes, tras su decreto de expulsión (1609). Allí, tres personajes cristianos, protagonizaron una disputa por el reparto del botín que dentro de la cueva escondían los moriscos. Estas figuras históricas eran los tres Juanes: Don Juan Pacheco, cabo de la caballería y hermano del virrey de Valencia; Don Juan de Córdova, Maese de Campo del Tercio de Lombardía; y Don Juan de Vergara, arrendatario de las rentas señoriales del Valle de Cofrentes.

Este momento ha sido plasmado en el panel cerámico de la Fuente del Médico, donde se puede leer el siguiente texto: “La cueva es de don Juan de Córdova y, en buena lid, los despojos en ella hallados a él pertenecen” –decían unos. “La cueva es de don Juan Pacheco, que sus tropas la rindieron, y suyo es el botín” – decían otros. “La cueva es de don Juan, sí, mas de don Juan Vergara, mi señor, y suyos son los bienes que en ella están” –afirmaban los demás. En lo único en lo que todos estaban de acuerdo era en que la cueva era de Don Juan.

Como otras tantas cavidades subterráneas de fácil acceso, la Cueva de Don Juan ha sido objeto de visitas por parte de la población local desde hace décadas. La primera exploración sistemática con técnicas de espeleología de la que se tiene noticia data de febrero de 1959, realizada por miembros del Centre Excursionista de València.

La fase moderna de explotación turística se inicia a finales de los años setenta, cuando se acometen las obras de adecuación (iluminación, pasillo interior para el tránsito de visitantes, mejora de la pista de acceso,…). Se abrió al público en 1981 y se encuentra gestionada por el Ayuntamiento de Jalance. Las continuas mejoras que se han ido realizando tanto en el acceso como en el interior de la cavidad, ha convertido a esta cueva en un hito turístico digno de ser visitado.

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