La Cueva de Don Juan se desarrolla en un contexto geológico de calizas microcristalinas, de pasta fina, del Santoniense. Son el inicio de los últimos sedimentos marinos del Cretácico Superior. El nivel de base impermeable lo encontramos en el Coniaciense, nivel de margas ocres. Este tipo de roquedo, bastante puro y resistente, es el que suele ofrecer los mejores ejemplos de cuevas, como es el caso de la Cueva de Don Juan.

Desde el punto de vista genético es una surgencia fósil (antigua salida de un curso de agua) con importantes procesos clásticos y reconstructivos. Destaca en la cueva la profusión de concentraciones formadas por goteo y escurrimiento del agua, como son estalactitas, estalagmitas, bandera, columnas, coladas y costras estalagmíticas. Algunas de ellas presentan coloraciones oscuras debido a la presencia en el agua de diversas sustancias como óxidos de hierro u otros. Las caprichosas formas, resaltadas por la iluminación artificial, hacen de la visita un inusual espectáculo estético y una buena iniciación al conocimiento de los paisajes kársticos subterráneo.

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